domingo, 10 de diciembre de 2006
En Quito se gasta demasiada agua
Un cúmulo de platos, vasos, cucharas y más utensilios copaban el lavabo en una esquina de la cocina al final del almuerzo. Noemí Santos estaba ajetreada lavándolos y, mientras lo hacía, un chorro de agua caía del grifo.Sin embargo, aquello no le preocupa en absoluto. Pues, ella ignora que esa es una de las razones para que al final del mes en su planilla se facture sobre los 30 metros cúbicos (m3) de agua, consumidos por las cuatro personas que viven en un departamento, ubicado en el sector de El Tejar. Igual que Santos, según los especialistas, la mayoría de usuarios en Quito cae en el uso desmedido y desperdicio del líquido. Mientras se cepilla los dientes y no cierra la llave, por ejemplo, Santos deja ir entre 5 y 10 litros de agua en apenas tres minutos.Jorge Rivera, director de Operaciones y Mantenimiento de la Empresa Metropolitana de Alcantarillado y Agua Potable de Quito (Emaap-Q), calcula que se consume alrededor de 270 litros por persona en un día. La web www.aguanta.org es drástica al señalar que una persona requiere solo 30 litros de agua diarios para consumo y aseo personal. Pero la realidad es otra. Rivera es más optimista al señalar un consumo ideal de 160 litros.La situación empeora cuando una persona con cinco minutos en la ducha consume 30 litros de agua y si hace tres descargas del inodoro se deja ir 35 litros. Aún más si la gente lava autos, patios o veredas o riega sus jardines por un largo tiempo. A eso se suman las fugas por las tuberías rotas e inodoros deteriorados. Rivera estima que Quito tiene un 30 por ciento de pérdidas de agua potable frente a los 31 por ciento de Medellín, 33 de Lima y 38 de Buenos Aires.Asimismo, dice que el consumo mensual de 38 000 litros de agua potable por familia en Quito es alto frente al de otras ciudades de Sudamérica. Por ejemplo, Río de Janeiro promedia los 25 000, Bogotá con 20 000 y Lima con alrededor de 24 000. Según la página Web del Fondo para la Protección del Agua (Fonag), con el consumo diario de agua de los 2,3 millones de habitantes se pudiera llenar 24 000 piscinas olímpicas. Para cubrir esa demanda, se recurre a fuentes la mayoría fuera de su jurisdicción. Aquello causa varias repercusiones inmediatas y a largo plazo, sobre todo ambientales. El principal es la reducción y agotamiento de las fuentes. Quito recibe 5 910 litros por segundo de siete sistemas de agua. Entre los más importantes están el de Papallacta, que requiere de 90 kilómetros de tubería para trasladar el líquido hasta Quito y el sistema del río Pita. Pablo Lloret, secretario técnico del Fonag, considera que al depender de otras regiones, Quito corre el riesgo de enfrentarse a litigios, como el que ocurrió con la población del Tena, en el 2005. Sin embargo, Pablo Bustamante, coordinador de la Campaña Aguanta, va más allá. “Estamos trayendo agua que pertenece a la Amazonia y a otras hoyas que seguramente están afectando la ecología y el ambiente de esas zonas, aparte de los costos que implica traer desde esas zonas”.Bustamante aduce esta situación a la destrucción que sufrieron antes las fuentes propias: los ríos Pita, San Pedro y otros. “Estos debieran ser nuestras fuentes, pero no podemos utilizarlos porque están contaminados”.Las aguas turbias del Machángara son la muestra más crítica. Y Pablo Lloret insiste que su saneamiento se complica aún más ante el uso desmedido del líquido. “Con el desperdicio del agua, el esfuerzo es doble para sanear”.Lloret y Bustamante coinciden que actualmente hay una percepción errónea sobre la situación del agua en general. “Se cree que el país dispone de suficiente agua. Mas si no hay un verdadero ahorro, las futuras generaciones sufrirán serias consecuencias”. Aunque Noemí Santos lo ignora, Bustamante enfatiza que el 44 por ciento de la población en el planeta carece de agua. Y Quito no se salvará de ese problema. Jorge Rivera anticipa que, como las fuentes actuales también se agotarán, en el 2010 se iniciará el proyecto de captación de 17 m3 de agua desde los ríos amazónicos. “Se invertirá 1 millón de dólares para una vida útil de 50 años. Pero una vez agotada esa fuente, el problema será realmente grave”. Bustamante insiste que el problema es la falta de conciencia en la gente. Por eso, en un intento por cambiar de mentalidad, la Campaña Aguanta inicia hoy su segunda fase para educar sobre el problema a 3 000 escolares de Quito.
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